domingo, 21 de febrero de 2010

Esta vez no lo lograrán.

El otro día vimos un documental en la que narraban los avatares de una carta perdida en los años convulsos de la guerra civil y como unos historiadores se la hacían llegar a su destinataria; era una misiva escrita por un marido a su mujer desde el frente, a partir de ahí relataron todas las vivencias del hombre y su familia y me acordé de la tristeza de la historia de mi abuelo, la de todos los libros que he leído y los relatos que he escuchado.


Inevitablemente me invadió la misma desazón que me inquietaba el corazón cuando hace años llamé a Onda Cero para preguntarle en una entrevista en directo al juez Garzón que para cuando iba a atreverse a limpiar nuestro país y su mudez cortó mi llamada. Recién había comenzado el proceso contra Pinochet, ya ha llovido desde entonces. Pero lo que da vértigo es pensar que treinta y cinco años son los que han pasado desde la muerte de Franco y, aún hoy, con su fantasmagórico dedo, de alguna manera, sigue haciendo víctimas a la injusticia de la Justicia. Ahora hay que sumar a esa lista al juez Garzón que, venciendo su mudez, decidió escuchar la voz de los que seguían vivos y actuar en consecuencia y además ejerciendo para lo que se le paga: repartir y hacer Justicia.


Según la RAE, genocidio es el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, religión, de política o nacionalidad. Lo que no puedo llegar a entender es la diferencia que “algunos” encuentran en este significado cuando el asunto se trata dentro de las fronteras de nuestro país. Puede ser en cualquier otro lugar del mundo: Argentina, Chile, la antigua Yugoslavia, en Alemania o dónde sea, pero en España, esos “algunos” pretender que aquí nunca pasó nada y, señores, sí pasó: campos de concentración, fusilamientos indiscriminados a personas de izquierdas o a sus familiares o porque sí, desapariciones, detenciones, torturas, prisión, represión...


Una parte de nuestra historia está bañada en sangre y mientras no se haga Justicia nos embarrará la vergüenza, por ser un país con una Democracia ya adulta, que no es capaz de someter sus miedos y exorcizar a sus dictatoriales fantasmas para darles a sus ciudadanos lo que reclaman. Porque esta incapacidad por dejar que un juez haga su trabajo, deja al descubierto que la extrema derecha de nuestro país sigue posicionada en puntos perfectamente estratégicos y no lo podemos consentir; menos cuando hay una amplia mayoría de ciudadanos democráticos, ¿qué es eso de tener que tragar porque en los Tribunales sigan acampando a sus anchas los emuladores y fanáticos de la dictadura?, ¿qué es eso de que se intenten quitar de encima, a toda costa, al juez que está intentando juzgar los hechos que realmente sucedieron en nuestro país y que se han juzgado en otros?


Los que se empeñan en ver dos Españas son los que quieren seguir viéndola dividida por las tierras y los ríos bañados en sangre. Contra ellos es contra quienes tenemos que manifestar nuestro desaire y nuestra desaprobación por no dejar que nuestro país crezca en un solo bloque de unidad y Justicia. Son ellos los que quieren seguir viendo un país roto en un recuerdo sangriento y seguir humillando al pueblo con su antidemocráticos actos.


La Memoria Histórica es hacer Justicia, limpiar y curar heridas y tirar definitivamente hacia adelante con la alegría de saber que nuestra Democracia salió triunfante por encima de todas las cadenas que bien atadas dejó la crueldad que se desató por el fascismo. Esta vez no podrán con la Democracia, no habrá golpe de Estado que destruya lo que el pueblo ha estado remontando estas tres últimas décadas. No, esta vez no. Somos Europa y aquí ya no se permite subyugar a los pueblos por miedo.


“ Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.”
Miguel Hernández, últimos versos de su último poema recogido “Eterna sombra”.


Fotografía: Enrique Dublán.