viernes, 11 de febrero de 2011

Los que tenemos que servir

Hace ya 30 años de la publicación del libro “Los Santos Inocentes de Miguel Delibes”; recuerdo que lo puso por primera vez entre mis manos mi más querida profesora de Literatura, Mª Jesús, tras mi lectura lo comentamos juntas y me dijo algo que quedó en el baúl en el que guardo todas las buenas enseñanzas de mis buenos maestros: “Este libro es el libro de Historia del pobre en España; la que muchos no quieren cambiar porque necesitan esclavos, pobres para ser ellos ricos y poderosos. La Historia de la incultura. Yo, como profesora, tengo que intentar forjar mentes que intenten cambiarlo”.

¡Qué razón tenía! Cuando llegué a mi casa, busqué y leí en aquellos tremendos y grandísimos libros que tenía mi madre sobre Historia de España, les dí otra visión; hasta ahora los había visto como instrumentos de investigación para mis trabajos académicos.

Hace ya veinte años de mi primera lectura y compruebo que, en muchos lugares de España, no se consiguió desenterrar a la Profunda. No hace falta hacer un exhaustivo análisis de la sociedad, ¡es mucho más fácil!, tan solo hace falta mirar por la ventana.

Somos siervos del señorito, aunque a veces el señorito ahora ya no venga vestido ni de rico patrón ni de noble; ahora es político, bandera, religión, consumismo, egoísmo, son nuestras propias ansias de poder y subir escaleras sin mirar a quien se pisa para hacerlo, de tantas otras cosas que no tendría espacio para poder escribirlas...

Al español lo acusan de un afán imperialista, de espíritu colonialista, ¡ay!, solo el que creció y fue educado para que le sirvan, pero “el españolito de a pie”, ese término tan bien usado por Machado, lo educaron para el servilismo, como tan bien explicó Víctor Hugo en su carta “España”, y esas palabras nos quedan muy grandes.

Mas no pierdo la esperanza algún día el servil levantará la cabeza.

Artículo en el que escribo íntegra la carta de Víctor Hugo:
http://alegrias2009.blogspot.com/2009/04/el-primero-que-celebro-con-vosotros.html

domingo, 6 de febrero de 2011

Asaltando tumbas

Cada cierto tiempo la “Conspiración sobre el 11M” vuelve a ser noticia, ¿por qué? Se ve que los políticos populares no tienen otra cosa en qué pensar ni de qué hablar. Ahora es lo que le lleva el tiempo al senador canario Alarcó, que con sus santas narices, y un desparpajo que me quitó el hipo, dijo hace unos días: “No existe el suicidio colectivo. Hay sospechas fundadas de que fue al revés, ¡está claro! Los refugian a todos allí y ¡dale que te pego!”.

Se refiere al piso de Leganés que explotó con la Policía Nacional dentro y en el que perdió la vida, además de los terroristas, un efectivo nacional y varios compañeros mal heridos. Ahora va a resultar que las Fuerzas de Seguridad del Estado decidieron sacrificar a uno de los suyos para salvar el tipo y desviar sospechas. ¿Quién le va a callar la boca a este tipo?

Y Rajoy, que sigue obstinado en no hacer lo que sus asesores le mandan, que es echarse a dormir hasta que llegue el tiempo de las elecciones, es preguntado por las declaraciones de Alarcó y responde: “Soy gobernante que fija posiciones sobre el 11M y mi posición la fijé con meridiana claridad en su día. Y me mantengo en lo que dije en su día”.

En primer lugar: usted es gobernante, pero de un partido en el que se le desmandan hasta los ratones del desván y, sí, usted siempre se posiciona diciendo que se ha posicionado pero nunca dicen en qué lugar; fan de la frase “yo solo sé que no sé nada” abre la boca para decir éso, nada y se queda tan ancho. Mientras su segunda de a bordo se mete en unos líos que la van a llevar a los tribunales porque tiene la boca y la imaginación más grandes y más negras que la entrada a una mina abandonada.

Sea buen gobernante, de su partido, meta a sus ratones en sus ratoneras, cuelgue a sus chorizos de donde han de ser colgados y ¡haga el favor!, dígale a Cospedal que lo que sueña de noche no ha de contarlo de día, mucho menos delante de los medios de comunicación, porque “los sueños, sueños son”.

Y ya puestos le voy a pedir otra cosa, déjense de conspiraciones y dejen el terrorismo fuera de sus pretensiones electoralistas porque los muertos duelen y les debemos un respeto, a ellos y a sus familias; no podemos estar desenterrándolos cada vez que queramos subir en las encuestas, desenterrando también el dolor de los que dejaron tras ellos.